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Lo que se esperaba día tras día durante los últimos diez meses, desde la invasión austriaca a Serbia, ha sucedido. Comenzó la guerra contra Italia.
Las masas de los países en guerra han comenzado a liberarse de las telarañas oficiales de mentiras. El pueblo alemán también ha adquirido una percepción de las causas y objetivos de la guerra mundial, sobre quién es directamente responsable de su estallido. Los locos desvaríos sobre las “sagradas armas” de la guerra han perdido cada vez más su ímpetu, el entusiasmo por la guerra se ha debilitado, el deseo de una pronta paz ha crecido poderosamente por todas partes... ¡incluso en el ejército!
Esto fue un problema engorroso para los imperialistas alemanes y austriacos, que estaban buscando en vano una salvación. Ahora parece que la han encontrado. La intervención de Italia en la guerra debería ofrecerles una oportunidad muy bienvenida para agitar nuevos frenesíes de odio nacionalista, para malograr el deseo por la paz, y para desdibujar las huellas de su propia culpa. Están apostando a la fragilidad de memoria del pueblo alemán, desafiando su condescendencia, que ha sido puesta a prueba demasiadas veces.
Si este plan tiene éxito, el balance de diez meses de sangrienta experiencia será en vano, y el proletariado internacional será una vez más desarmado y descartado completamente como factor político independiente.
Este plan debe ser destruido, y lo será siempre que la porción del proletariado alemán que ha permanecido fiel al socialismo internacional siga siendo consciente y merecedora de su misión histórica en estos tiempos monstruosos.
Los enemigos del pueblo están contando con el olvido de las masas... nosotros combatimos esto con el siguiente recurso:
¡Averigüen todo, no se olviden de nada!
¡No perdonen nada!
Hemos visto como, cuando la guerra estalló, las masas fueron sometidas a los objetivos capitalistas de la guerra, con embaucadoras melodías de las clases dominantes. Hemos visto como las brillantes burbujas de la demagogia han explotado; como los tontos sueños de agosto se desvanecieron; cómo, en cambio de felicidad, cayeron sobre el pueblo el sufrimiento y la miseria; cómo las lágrimas de las viudas y los huérfanos de la guerra se hincharon hasta formar grandes torrentes, como el mantenimiento desgraciado de las tres clases; la canonización inmisericorde de la regla de las cuatro verdades —semiabsolutismo, gobierno de los junkers [nobles], militarismo, y despotismo policial— se erigieron como la amarga verdad.
A través de esta experiencia hemos sido advertidos: ¡sepámoslo todo, no nos olvidemos de nada!
Ofensivos son los discursos con los cuales el imperialismo italiano se regodea hablando de sus pillajes, ofensivas son esas escenas de tragicomedia romántica en las cuales se presenta la máscara ya conocida de los amigos del pueblo ( la “tregua civil”). Pero más ofensivo todavía es que en todo esto podemos reconocer, como reflejados en un espejo, los métodos alemanes y austriacos de julio y agosto de 1914.
Los instigadores italianos de la guerra se merecen todas las denuncias. Pero ellos no son sino copias de los instigadores alemanes y austriacos, que son los principales responsables por el estallido de la guerra. ¡“Pájaros del mismo plumaje (vuelan juntos...)”! [Dicho inglés que correspondería al “Dios los cría y ellos se juntan” del castellano. N.T.].
¿A quiénes pueden agradecerle los alemanes por esta nueva desgracia?
¿A quiénes pueden exigirles una explicación por las nuevas pilas de cadáveres que se van a amontonar?
Todavía esto es cierto: el ultimátum austriaco a Serbia del 23 de julio de 1914 fue la chispa que prendió fuego al mundo, aunque este fuego se haya propagado más tarde a Italia.
Todavía esto es cierto: Este ultimátum fue la señal para la redistribución del mundo, y necesariamente convocó a todos los estados capitalistas bandoleros a que participaran en el plan de saqueo.
Todavía esto es cierto: Este ultimátum contenía en sí la cuestión de la dominación sobre los Balcanes, Asia Menor, y todo el Mediterráneo, y por lo tanto contenía todos los antagonismos entre Austria-Alemania e Italia, en un solo trazo.
Si los imperialistas alemanes y austriacos tratan ahora de ocultarse detrás del escenario de pillaje de los italianos y el latiguillo de la deslealtad italiana, autoadjudicándose la toga de la indignación moral y la inocencia agraviada —mientras que en Roma no han encontrado sino sus iguales—, entonces merecen el más cruel de los sarcasmos.
La norma “¡No olvidar, no perdonar nada!” se aplica a cómo el pueblo alemán fue simplemente manipulado en la cuestión italiana por los muy honorables patriotas alemanes.
El Tratado de la Triple Alianza con Italia no ha sido nunca más que una farsa: ¡todos Uds., han sido engañados con él!
Los expertos siempre han sabido que, en caso de guerra, Italia sería un oponente seguro de Alemania y de Austria ¡y Uds., fueron llevados a creer que sería un aliado seguro!
Una buena parte del destino de Alemania en la política mundial se decidió en el Tratado de la Triple Alianza, que fue firmado y renovado sin consultarlos a Uds. ¡hasta el día de hoy, ni una sola letra de ese tratado ha sido compartida con Uds.!
El ultimátum austriaco a Serbia, con el cual una pequeña camarilla tomó a toda la humanidad por sorpresa, rompió el tratado entre Austria e Italia ¡Nadie les dijo a Uds. nada de esto!
Este ultimátum fue lanzado con la expresa condena de Italia... Esto se mantuvo en secreto para que Uds., no lo supieran.
El 4 de mayo de este año, Italia disolvió su alianza con Austria, y hasta el 18 de mayo este hecho crucial se mantuvo oculto del conocimiento del pueblo alemán y austríaco; sí, y a pesar de que esto era verdad, fue directamente negado por los funcionarios: una repetición de la burla al pueblo alemán y al Reichstag [Parlamento Federal] sobre el ultimátum a Bélgica por parte de Alemania el 2 de agosto de 1914.
Nadie les dio a Uds., la más mínima influencia sobre las negociaciones entre Alemania y Austria con Italia, de las cuales dependía la intervención de Italia. Uds., fueron tratados como ovejas en esta cuestión vital, mientras que el partido de la guerra, la diplomacia secreta, un puñado de gente en Berlín y Viena tiraban los dados sobre el destino de Alemania.
El torpedeo del Lusitania no sólo consolidó el poder de los partidos de la guerra en Inglaterra, Francia, y Rusia: invitó a un grave conflicto con los EEUU, y puso a todos los países neutrales en contra de Alemania con apasionada indignación; también facilitó el trabajo desastroso del partido de la guerra de Italia en el momento crítico... el pueblo alemán debía permanecer en silencio también sobre esto: el puño de hierro del estado de sitio se cerró sobre sus gargantas.
Ya en marzo de este año pudieran haberse iniciado las negociaciones de paz —la oferta fue hecha por Inglaterra—, pero la ambición de ganancias de los imperialistas alemanes llevaron a que se rechazara. Las prometedoras negociaciones de paz fueron arruinadas por los partidos alemanes interesados en conquistas coloniales a gran escala y en la anexión de Bélgica y la Lorena francesa, por los capitalistas de las grandes compañías navieras, y por los agitadores de la industria pesada alemana.
Esto también permaneció en secreto, lejos de los oídos del pueblo alemán, una vez más Uds., no fueron consultados sobre esto.
Preguntamos: ¿a quién puede el pueblo alemán agradecer por la continuación de la horrenda guerra y por la intervención de Italia? ¿A quién más que a la gente irresponsable de aquí, que es la responsable?
¡Averígüenlo todo, no se olviden de nada!
Para la gente que piensa, la imitación italiana de las acciones de Alemania del verano del año pasado no puede ser un aliciente para nuevas locuras guerreras, sólo un golpe para ahuyentar temerosamente las esperanzas fantasmales en una nueva aurora de justicia política y social, sólo una nueva luz que ilumina las responsabilidades políticas y el desenmascaramiento del peligro público que significan los partidarios austriacos y alemanes de la guerra, sólo una nueva acusación contra ellos.
Pero la regla “Averigüen y no olviden” se aplica más que nada a la heroica lucha contra la guerra que libraron y aún libran los camaradas italianos. Luchas en la prensa, en reuniones, en manifestaciones callejeras, luchas con energía y audacia revolucionarias, desafiando con alma y corazón el choque rabioso de las oleadas nacionalistas con las cuales fueron fustigados y abatidos por las autoridades. Nuestras más entusiastas felicitaciones por su lucha. ¡Que su espíritu sea nuestro ejemplo! ¡Ojalá ese fuera el ejemplo de la Internacional!
Si lo hubiera sido desde esos días de agosto, el mundo estaría en mejores condiciones. El proletariado internacional estaría mejor.
¡Pero la voluntad resuelta de luchar no puede llegar demasiado tarde!
La absurda consigna “aguantemos” ha tocado fondo. Sólo nos lleva más y más hondo dentro del vórtice del genocidio. La lucha de clases del proletariado internacional contra el genocidio imperialista internacional es el mandato socialista de la hora.
¡El enemigo principal de cada uno de los pueblos está en su propio país!
El enemigo principal del pueblo alemán está en Alemania. El imperialismo alemán, el partido alemán de la guerra, la diplomacia secreta alemana. Este enemigo que está en casa debe ser combatido por el pueblo alemán en una lucha política, cooperando con el proletariado de los demás países cuya lucha es contra sus propios imperialistas.
Pensamos en forma aunada con el pueblo alemán, no tenemos nada en común con los Tirpitzes y Falkenhayns [líderes militaristas] alemanes, con el gobierno alemán de opresión política y esclavitud social. Nada con ellos, todo con el pueblo alemán. Todo para el proletariado internacional, para beneficio del proletariado alemán y la humanidad escarnecida.
Los enemigos de la clase trabajadora están contando con el olvido de las masas, ojalá que el suyo sea un cálculo totalmente equivocado. Están apostando a la tolerancia de las masas, pero nosotros elevamos este grito vehemente:
¿Por cuánto tiempo los tahúres imperialistas abusarán de la paciencia de los pueblos? ¡Basta de carnicería, es más que suficiente! ¡Abajo los instigadores de la guerra, de aquí y del extranjero!
¡Que termine el genocidio!
Proletarios de todos los países, ¡sigan el ejemplo heroico de vuestros hermanos italianos! ¡Únanse a la lucha de clases internacional contra la conspiración de la diplomacia secreta, contra el imperialismo, contra la guerra, por la paz, en el espíritu del socialismo!


¡El enemigo principal está en casa!
(Octavilla de mayo de 1915)

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