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Fue la acción de las masas, particularmente de los trabajadores y sus familias, la que convirtió el golpe del MFA contra la dictadura en una verdadera revolución social. La caída de la dictadura salazarista dio paso a una explosión de participación de millones de trabajadores, hombres, mujeres y jóvenes en la vida política y social del país.

De norte a sur, se generalizaron los comités de trabajadores en las fábricas y los comités de vecinos en los barrios; se procedió a la depuración de los elementos fascistas vinculados a la represión en las empresas, radios y periódicos; dentro del ejército, los soldados participaban y discutían abiertamente de política y cuestionaban las decisiones del mando militar. Se produce un incremento vertiginoso y masivo de la militancia en las organizaciones políticas de izquierdas. En los meses que siguieron al 25 de Abril, todos los intentos de los capitalistas de cortar ese estado de efervescencia y de participación popular en la vida política, mediante campañas contra la “anarquía”, golpes de Estado reaccionarios, represión y sabotaje económico, radicalizaron aún más a los trabajadores, a los campesinos y a la base del ejército, empujando la revolución hacia delante. En un momento dado, los latifundios fueron tomados por los jornaleros y la banca fue nacionalizada por exigencia de los propios trabajadores bancarios; otros sectores clave también fueron nacionalizados y en todas las empresas se extendió, en mayor o menor medida, el control obrero, en muchos casos mediante la ocupación directa.
La revolución portuguesa de 1974-75 debe englobarse en la oleada revolucionaria internacional de finales de los años sesenta y setenta del siglo XX, que en Europa tuvo su expresión en el Mayo del 68 francés, el otoño caliente italiano de 1969, la caída de la dictadura de los Coroneles griegos en 1974 y la situación prerrevolucionaria que llevó a la caída de la dictadura franquista en el Estado español. De todos estos procesos, el que estuvo más cerca de derribar el sistema capitalista y el Estado burgués fue, sin duda, la Revolución de los Claveles.

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