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La verdad de la lucha de los trabajadores de MMC automotriz (Mitsubishi)

 

Una revolución significa la entrada en la lucha política de las masas, esto es, de millones de trabajadores, pobres y oprimidos que permanecían apartados de la política. Normalmente la política permanece reservada a periodistas, parlamentarios, burócratas o políticos profesionales. Sin embargo, en determinadas circunstancias, cuando las contradicciones sociales llegan a un punto crítico,  las masas participan activamente para tomar el destino del país y de sus vidas entre sus manos.
Ese proceso de despertar de las masas, al igual que todo proceso de la naturaleza, se desarrolla sobre la base de contradicciones, de acumulaciones cuantitativas de experiencia que se transforman  en saltos cualitativos de la misma. Esa acumulación de experiencia es la fuente de aprendizaje de los trabajadores.
La lucha de los trabajadores de MMC automotriz (Mitsubishi) forma parte del movimiento de la clase trabajadora por ponerse al frente de la revolución bolivariana, que a su vez pasa por comprender cúales son las tareas que debe llevar a cabo la vanguardia de los trabajadores venezolanos para completarla con éxito. Como veremos esa escuela de aprendizaje es dura, porque supone un choque con los dos factores que pretenden frenar la revolución: la burocracia reformista y los empresarios privados. Contra ambos llevan luchando durante meses sin fatiga los trabajadores de MMC, transformándose en símbolos del combate contra el capitalismo y el reformismo.


El comienzo de la batalla

 

El 29 de enero de 2009 los trabajadores de MMC automotriz  tuvieron una experiencia que marcaría sus vidas. Más de 1.000 obreros  de la planta que se halla en la zona industrial de los montones en la ciudad de Barcelona (Estado de Anzoátegui), acompañados de trabajadores de las empresas Vivex y Macusa, entre otras, se encontraban tomando las instalaciones de la planta ensambladora que daba empleo a 1.450 trabajadores. La toma comenzó el día 9 de enero cuando los obreros, en la asamblea organizada por Singetram, Sindicato de trabajadores de MMC automotriz, mayoritario en la planta, tras una votación secreta con más de 1.200 votos a favor, decidieron ocupar la planta como medida de presión contra el despido de 130 trabajadores de induservis, subcontrata que laboraba en las instalaciones de MMC. Con la toma, los trabajadores solidarios con sus camaradas, pretendían el reenganche de sus compañeros y que fueran contratados por MMC como trabajadores en nómina para de este modo terminar con la tercerización (subcontratación).
La mañana del 29 de enero, dos  jueces (Diana Vázquez y  Lourdes Villarroel) acompañadas de un operativo de 60 policías del estado de Anzoátegui, se desplazaron hasta las instalaciones de la planta para llevar a cabo una orden de desalojo. Los trabajadores agolpados frente a la planta hablaron con las jueces. Apuntaron que no iba a desistir en su protesta y no iban a desalojar la planta hasta que fueran atendidas sus reivindicaciones, advirtiendo además que era de las jueces la responsabilidad de todo lo que sucediera ese día. Tras este dialogo la jueza se retiró (posteriormente declararía que fue secuestrada), y los 60 policías de la gobernación del estado de Anzoátegui arremetieron contra los trabajadores indefensos, lanzando botes de humo y efectuando numerosos disparos con sus pistolas reglamentarias. La salvaje agresión policial dejó tras de sí dos trabajadores muertos (José Marcano de MMC automotriz y Pedro Suarez de Macusa), tras dos horas de lucha desigual donde los trabajadores indefensos respondieron con piedras al ataque armado de la policía. Fue una demostración heroica de resistencia: los obreros sabían que no podían permitir que la policía entrara a la planta, pues de hacerlo, los mismos sembrarían armas o drogas para poder incriminarlos de cualquier delito. Fue la acción de las comunidades aledañas apoyando a los trabajadores la que terminó haciendo desistir la violencia policial.
Cómo se vio posteriormente, todo fue un plan urdido por la gerencia de la empresa, en complicidad con las jueces, la policía del Estado de Anzoátegui y cargos políticos de la gobernación, siguiendo los mismos métodos que empleó la derecha durante el golpe de Estado de abril de 2002 contra el presidente Chávez. Generar una acción de violencia contra el pueblo y los trabajadores y manipular burdamente la verdad con el fin de hacer caer la responsabilidad de la violencia en los trabajadores, para así incriminarlos y poder actuar contra su organización y contra los dirigentes de la lucha.
Las primeras declaraciones en ese sentido para formar una “matriz de opinión” contra los trabajadores de MMC fue del gerente de compras de la empresa que poco después de la agresión, en entrevista telefónica en TVO la televisora regional, denunciaba a los trabajadores y a Singetram como los causantes de la violencia y señalaba además que la gerencia de la empresa había contado con la ayuda y el apoyo de la policía del Estado y del gobernador Tarek William Saab. La matriz de opinión estaba en marcha contra los trabajadores. Coincidió también con declaraciones de Rafael Vega, Secretario de la gobernación, responsabilizando a Singetram de la violencia en la planta.
Tras la masacre del  29 de enero el gobernador WTS asistió a la factoría en manos de los trabajadores a solidarizarse con ellos prometiendo indemnizaciones y ayudas para los mismos. A dos años de aquello todavía los trabajadores y los familiares no han recibido las indemnizaciones que prometió el gobernador.


La historia de Singetram: Lucha contra la explotación, por los derechos de los trabajadores y contra las enfermedades ocupacionales

 

El sindicato Singetram fue creado en 2003, después de años en que la factoría dominara un sindicato ligado a Acción Democrática. El nuevo sindicato surgió en un momento de boom y renovación sustanciosa del parque automovilístico venezolano. El aumento de la producción  implicó que, en pocos años, la nómina de trabajadores pasara de 500 a 1.450 trabajadores. La incorporación de estos nuevos trabajadores, en su mayor parte jóvenes menores de 30 años, fraguó el poderoso impulso que sufrió la organización sindical en la planta. Los trabajadores se veían empujados a la lucha por las pésimas condiciones de trabajo que reinaban en la planta, particularmente en aquellos primeros años tras el golpe de Estado. De las condiciones laborales existentes en el  año 2004 provienen la mayor parte de los cerca de 300 enfermos ocupacionales. En su mayor parte los trabajadores tienen trastornos músculo-esqueléticos, hernias y dolencias del manguito rotador y túnel carpiano. La explotación empujo a los trabajadores a organizarse y dar una pelea colectiva. Los ritmos de trabajo eran tan intensos que,  con  500 obreros en 2004, se producía tanto como en 2008 con 1.400. De ahí la epidemia de enfermedades ocupacionales entre los obreros.
En un principio fue una pequeña minoría de 130 trabajadores los que conformaron Singetram que, llevando a la práctica un sindicalismo democrático y de lucha, consiguieron agrupar a más de 1.200 trabajadores de la planta que se afiliaron a la organización.
No tan sólo fueron las condiciones de explotación capitalista de la multinacional las que condujeron a la organización de los trabajadores, éstas interaccionaron con las condiciones exteriores fuera de la planta, con la situación política que vivía el país tras la llegada al poder de Chávez y después de los acontecimientos que sacudieron el país en 2002-2004. Chávez levantó la moral del pueblo, lo puso en pie. La nueva Constitución nacional aprobada en 1999 consagraba los derechos de toda la población, en particular de los más pobres y de los trabajadores. La derrota de la derecha en el golpe de 2002, el paro petrolero y  el referéndum revocatorio reimpulsó de nuevo la lucha de masas, hizo conscientes a los trabajadores y al pueblo, inspirados por los discursos de Chávez, a organizarse. Los años de políticas de derechas que llevaron al 80% de la población del país a vivir bajo el umbral de la pobreza desencadenaron la acción revolucionaria de las masas.  Este factor jugó un papel de importancia en todas las luchas y también en la de MMC automotriz, motivados  por la situación revolucionaria del país.
Barcelona y la ciudad de Puerto la Cruz constituyen una de las zonas de Venezuela con mayores contradicciones sociales entre ricos y pobres. En pocos kilómetros de distancia se puede observar el lujo asiático parecido a Miami de las llamadas “casas bote”,  que conforman una pequeña red de canales que comunica casas burguesas en las que sus propietarios puede acceder navegando desde el mar, junto a barriadas populares como el Viñedo o Tronconal, donde miles de trabajadores viven en calles sin asfaltar y regularmente se producen ocupaciones de terreno para que los trabajadores y los sectores populares construyan sus viviendas, ante el déficit de viviendas para las familias trabajadoras . Anzoátegui, como estado petrolero, es la salida al mar del petróleo que produce el oriente del país y se exporta en su mayor parte a Estados Unidos. Esa riqueza no va a parar al pueblo y se queda atrapada entre los canales de la casas botes. El Estado de Anzoátegui es uno de los más deteriorados del país: las vías están llenas de agujeros por falta de mantenimiento, regularmente se va la luz, inseguridad, etc. La revolución prometió cambios sustanciales, aunque tras ocho años de gobierno estatal del PSUV, en las manos del gobernador William Tarek Saab, nada fundamental ha cambiado. Los problemas esenciales del Estado siguen como en la IV república provocando el cansancio entre las bases populares que apoyan la revolución. Esta situación se manifestó agudamente en las elecciones parlamentarias del 26 de septiembre de 2010, cuando el PSUV sufrió en el estado de Anzoategui una dura derrota a manos de los partidos de la derecha.
Es en estas condiciones materiales y políticas  donde nace el combatido proletariado de la zona industrial de los montones del área de Barcelona. Son las condiciones objetivas de pobreza, junto a la agrupación de los obreros en la fábrica y la disciplina fabril ejercida por la explotadora multinacional, las que educaron y engendraron en su seno una de las organizaciones obreras más combativas de Venezuela, Singetram.  El sindicato se nutrió del despertar revolucionario de millones.


Control obrero y criminalización

 

La toma de MMC finalizó el 13 de abril de 2009. Los trabajadores firmaron un acuerdo favorable a sus intereses que recogía buena parte de sus reclamos. En el acuerdo, si bien no se logró la asimilación de los trabajadores de Induservis a la nómina, se consiguió que las condiciones de trabajo y los derechos se asimilaran. Era un paso importante en la lucha contra la tercerización.
Pero el fin de la toma también supuso el inicio de una nueva etapa de arremetidas contra los trabajadores. Para la multinacional no eran los reclamos de la plantilla la amenaza fundamental. La toma  fue la  expresión máxima del  control obrero en la  planta y cumbre del proceso de organización y lucha de varios años. La gerencia de la multinacional había perdido el control sobre los trabajadores, los mismos habían perdido el miedo. El avance en la conciencia de los trabajadores de MMC fue paralelo al avance de la revolución y llegó a cuestionar abiertamente el poder patronal dentro de la empresa. La gerencia había declarado la guerra abierta a los obreros con  la masacre del 29 de enero, en la que el objetivo fundamental del ataque era el asesinato de los dirigentes sindicales de Singetram. Y consciente de lo que se estaba jugando movió de nuevo pieza para romper la resistencia de los trabajadores y destruir su organización sindical. La patronal había entendido hace tiempo que o eran ellos o eran los obreros los que dominaban la planta: no había caminos intermedios.
El desarrollo del control obrero se mostró en la nueva propuesta de estatutos elaborada por Singetram en agosto de 2009 y que fue aprobada en referemdum, tras debate por la aplastante mayoría de los trabajadores, y que a día de hoy sigue sin ser aceptada por el Ministerio del Trabajo. Estos estatutos son una manifestación práctica de la contradicción dialéctica entra forma y contenido que se da en el transcurso de toda revolución: formal y jurídicamente son los estatutos de una nueva organización sindical, pero en la práctica, en su contenido, son la organización del poder obrero dentro de una empresa, del consejo de trabajadores y del control obrero de la producción. La forma jurídica que pretendían imponer los trabajadores representaba la correlación de fuerzas real dentro de la fábrica: la toma de la empresa hizo aflorar una situación de poder obrero que tanto la multinacional como la burocracia estatal no podían sino reprimir para que el ejemplo no se extendiera. De ahí la violencia contra los trabajadores y la campaña vil de calumnias para crear las condiciones en la opinión pública para aplastar violentamente la lucha.
La campaña contra los directivos sindicales fue de tan agresiva y manipuladora que cuando la directiva sindical, compuesta por 11 trabajadores, fue despedida, se la trató de asociar con el secuestro a manos de delincuentes de dos familiares de una gerente de la empresa. La rápida acción de los trabajadores condenando estas calumnias deshizo los planes para lanzar las fuerzas del  Estado contra el sindicato y el conjunto de la plantilla. Poco después los familiares fueron liberados. Sin embargo las amenazas han continuado desde entonces.
En las marchas dentro y fuera de la empresa, un eslogan ha sido insistentemente coreado: !No tenemos miedo¡ y, efectivamente, los trabajadores, y ese es el principal mérito de la dirigencia de Singetram, se habían hecho conscientes  de su propia y tremenda fuerza. Por ello los capitalistas y la burocracia procapialista del Estado tenían que quebrarla y romperla. Retrotraer a los trabajadores a la condición de esclavos que, atemorizados por la pérdida del puesto de trabajo y la represión, aceptaran las condiciones de trabajo de la multinacional. Los planes de la empresa pasaban por aumentar los ritmos de producción y el despido de todos los trabajadores enfermos ocupacionales que, tras exprimirlos y enfermarlos, los quería desechar. Esto contaba y cuenta con la férrea oposición del conjunto de la masa obrera.


La multinacional se apoya en la burocracia estatal.
Del paro patronal al despido de la junta directiva de Singetram

 

El lunes 24 de agosto de 2009, la dirección de MMC automotriz organizó un paro patronal tratando de culpabilizar a los trabajadores, amenazando al mismo tiempo con cerrar la planta y trasladar la producción. Singetram, sin embargo, demostró con datos y cifras que el paro había sido impuesto de un modo injustificado por la empresa. En este momento se produce un nuevo salto en la arremetida contra los trabajadores. La estrategia de la multinacional, que contará a partir del mes de septiembre de 2009 con la colaboración del Ministerio del Trabajo, criminaliza la protesta con el fin de justificar el despido de los directivos de Singetram y liquidar la lucha.
En su estrategia, la multinacional también contó con la ayuda de FEDECAMARAS, la organización patronal golpista cuyo líder Pedro Carmona Estanga encabezó el golpe de Estado de 2002, y que no dejó de presionar para que se tomaran medidas contra la directiva de Singetram. Los capitalistas venezolanos eran conscientes que el foco de resistencia obrera a sus planes para el sector automotriz estaba en Barcelona, y que de una u otra manera había que vencer esa resistencia.
Las agresiones contra los trabajadores de MMC formaban parte de una estrategia para debilitar y romper la resistencia de la clase trabajadora en el sector automotriz. En marzo de 2009, coincidiendo con la toma de MMC, aconteció el asesinato del secretario de organización del sindicato de Toyota, Argenis Vázquez, que conmocionó el estado Sucre. Pero también hay otros motivos, relacionados directamente con los jugosos beneficios que se obtienen de la venta legal, y otras muchas veces fraudulenta, de vehículos. La burguesía y la burocracia reformista, a la que cada día unen más vínculos, obtienen grandes ingresos del mercado del automóvil, uno de los negocios más lucrativos del país. Por eso, la dirigencia sindical de MMC, Singetram y los trabajadores organizados en sus filas, son un obstáculo para la corrupción y la venta de cupos de carros y negocios turbios. Esta era también una poderosa razón para quitársela de en medio. Detrás de toda la campaña contra los trabajadores de MMC existen motivaciones económicas evidentes.
La ofensiva patronal dio un paso adelante a partir del mes de septiembre de 2009, cuando la multinacional coordina sus acciones con el Ministerio del Trabajo. Esta acción tenderá a preparar las condiciones para el despido, en noviembre de 2009, de toda la junta directiva de Singetram. Los acuerdos que la empresa había llegado con el Ministerio para mantener los empleos se hicieron sobre la base de sacrificar a la dirigencia sindical. Pese a que el entonces Ministro de Industrias Ligeras, Jesse Chacón, declaró que “la conflictividad en MMC era un problema interno” y que “el gobierno iba mediar”, el Ministerio del Trabajo se cuadró con la multinacional. La excusa para los despidos era la amenaza del cierre de la  planta por parte de la multinacional. Así se justificó el despido de la directiva de Singetram que contó con el apoyo de la dirección regional del PSUV, encabezada por el gobernador Tarek William Saab, que llegó a realizar un comunicado público apoyando las medidas contra los trabajadores. Descabezando Singetram pensaban liquidar el movimiento de los trabajadores, pero estaban muy equivocados.


Los trabajadores de MMC Automotriz, el  PSUV y la UNETE

 

Los trabajadores de MMC habían constituido con motivo del referéndum constitucional de febrero de 2009 más de 40 patrullas laborales del PSUV, y entre la nómina de la empresa más de 700 trabajadores eran militantes del partido. Esta actitud inequívoca de Singetram y de los obreros de MMC de apoyo a la revolución y a favor de participar activamente en el partido dirigido por el Presidente Chávez, fue una palanca para lograr que en el seno de las organizaciones bolivarianas, empezando por el PSUV, se conozca la verdad de esta lucha.
En noviembre de 2009 se estaba desarrollando el congreso extraordinario del PSUV. Los trabajadores llevaban tiempo atrás con la idea de ir a Caracas para hacerle llegar a Chávez sus reclamos y que fuera resuelta la situación de indefensión  en la que se encontraban frente a los ataques de la multinacional amparado por el aparato estatal. Sin embargo, la campaña de criminalización a la que estaban sometidos dificultaba el éxito de una marcha a Caracas; se podría llegar a la capital, pero lo más seguro es que no se pudiera ir al Palacio de Miraflores y que muy pocos escucharan los reclamos de los trabajadores, aparte de la posibilidad de tener que enfrentar las provocaciones de la policía.
En una medida audaz, los trabajadores decidieron, en número de 500, desplazarse a Caracas y plantarse en el congreso del PSUV, e intentar hacer uso de palabra en el mismo. Los trabajadores pagaron de su propio bolsillo con aportaciones individuales el costo del alquiler de los autobuses. En la llegada a la Rinconada, en las afueras de Caracas, en las instalaciones de la escuela de planificación donde se realizaba el congreso, los obreros empezaron a repartir volantes y videos de su lucha granjeándose el apoyo entre los delegados. El nerviosismo entre sectores de la burocracia reformista fue tal que la Ministra del Trabajo tuvo que salir al estrado y señalar que la decisión de los despidos en MMC “había sido de la dirección del PSUV” y que no se discutía más en el congreso. Los trabajadores de MMC no tan sólo recogieron al apoyo de las bases del PSUV, sino también de centenares de sindicatos y organizaciones populares y de la central UNETE (Unión Nacional de Trabajadores), particularmente en su tercer congreso que se celebró en diciembre de 2009.


Enero de 2009: una nueva provocación de la multinacional y del Ministerio del Trabajo para acabar con la resistencia
de los trabajadores

 

La multinacional y la burocracia reformista pensaban que los despidos de diciembre de la directiva de Singetram, con el fin de descabezar la organización sindical, bastarían para doblegar a los trabajadores, sin ser conscientes del nivel de organización y disciplina que tenían los mismos. Al comprobar que no los podía doblegar,  pues se mantenía la estructura de delegados de salud laboral y la propia madurez de los trabajadores, volvió con total impunidad a arremeter contra los trabajadores de MMC con nuevos despidos.
Ya en enero de 2010 la empresa, en colaboración con altos cargos del Ministerio del Trabajo, urdió un nuevo complot contra los trabajadores. Para ello montó una provocación dentro de la empresa. Dentro de los elementos de control obrero que se mantenían en la planta, los trabajadores organizaban ellos mismos las rotaciones en los puestos de trabajo para así evitar, en la medida de lo posible, las enfermedades ocupacionales y desgaste de articulaciones, frecuente en las tareas repetitivas que realizan los obreros. En ese punto fue donde la gerencia organizó la provocación. Intentó imponer unas rotaciones arbitrarias que no fueron aceptadas por los trabajadores, que son quienes mejor saben cómo se deben hacer el trabajo productivo. Esto provocó, ante la negativa de los trabajadores a acatar las rotaciones impuestas y mantener las propias, a que se apagara la línea de producción de la planta. A continuación la empresa acusó a los trabajadores de haber paralizado la producción injustificadamente. Las victimas fueron presentadas como verdugos.
Aquí empezó toda la trama urdida anteriormente. La empresa, para paralizar la producción, tiene que justificar ante los organismos del Estado las causas de la misma. Por ello echó la culpa a los trabajadores de la paralización. Desde el Ministerio del Trabajo se puso en marcha una investigación que estaba viciada desde el comienzo. Altos funcionarios del Ministerio se desplazaron a la planta para amedrentar a los trabajadores. En una de las reuniones, después de coordinar sus actividades con la gerencia de la multinacional, realizaron todo tipo de amenazas contra los trabajadores. Al final, pese a las pruebas presentadas por los obreros, estos burócratas  dictaminaron que la responsabilidad de la paralización de la planta fue de los trabajadores. La empresa y la burocracia entendieron que el problema no era la dirigencia del sindicato, sino que tenían que despedir a una buena parte de la plantilla para doblegarlos. Así comenzó  una oleada de despidos que terminó con 280 trabajadores fuera de la planta.
Los trabajadores ante la indefensión sufrida se negaron a entrar a trabajar durante varias semanas, sin embargo, al cabo de prácticamente dos meses (hasta el mes de abril), tuvieron que reintegrarse a trabajar fruto de la necesidad. En esto, los despidos continuaron en grupos de 40 o 50 trabajadores. Una buena parte de ellos ni siquiera a través de calificaciones de despido, sino que la gerencia ponía a la entrada de la planta sus nombres con sus fotos y les impedía el paso, violando toda reglamentación laboral y la Constitución nacional.
Estos meses fueron duros para los trabajadores que, sin medios económicos, con la mano libre que la burocracia dio a la multinacional para golpearlos, sostuvieron una pelea desigual. En esas circunstancias tan adversas fue clave la orientación política que planteó la Corriente Marxista Revolucionaria (CMR). Desde la CMR se explicó, en primer lugar, cuáles eran las contradicciones dentro de la revolución para que se diera la aberración de que un Ministerio del Trabajo, que se proclama socialista y de los trabajadores, se pusiera al servicio de una multinacional.
Este contexto de represión sindical contra los trabajadores era el más favorable para el surgimiento natural de tendencias ultraizquierdistas en el seno del movimiento. Lenin decía que el ultra izquierdismo es el precio que tienen que pagar los trabajadores por la traición de los dirigentes reformistas. Es natural que el enfado de los obreros contra la burocracia se pudiera desviar en estas líneas. Sin embargo, ese peligro, el peligro a identificar a la burocracia del PSUV con la base popular que apoya al presidente Chávez, pudo solventarse satisfactoriamente gracias a que los trabajadores, en el debate político y en la orientación del trabajo, entendieron que esta lucha sólo se puede ganar si se gana la simpatía y el apoyo militante de la base del PSUV, de los millones que votan por Chávez. Aislados del movimiento bolivariano, del que los trabajadores de MMC son vanguardia, sólo se daría mas facilidades a la burocracia para terminar con el movimiento y favorecer la matriz de opinión  de que los trabajadores eran saboteadores, que detrás de ellos estaba una corriente internacional financiada por la CIA y demás calumnias que tratan de poner un foso entre las masas que apoyan al presidente y la lucha de los trabajadores de MMC.


La contraofensiva obrera y el papel de la dirección de los trabajadores

 

La marcha que realizaron los trabajadores de MMC, el 4 de junio de 2010, volvió de nuevo a reagrupar a la plantilla golpeada. La marcha que discurrió por las calles de Barcelonase  encamino hasta la el Palacio de Justicia del Estado para demandar el reenganche de los trabajadores. La mismo en la que cerca de 300 trabajadores se movilizaron por el conjunto de la ciudad.
Tras los últimos despidos de 40 trabajadores la empresa se las prometía felices. Prácticamente toda la vanguardia (unos 300) estaba fuera de la planta. La dirección de la multinacional entregó bonos de 7.000 bolívares a los trabajadores, con la creencia de que comprándolos conseguiría terminar con la resistencia de los obreros. Pero de nuevo volvía a infravalorar a los trabajadores y su conciencia revolucionaria.
En una medida de audacia y confianza en los trabajadores, Singetram llamó a realizar elecciones sindicales para el 15 de julio de 2010. Tocaba por ley nuevas elecciones sindicales, y aunque la estrategia de la empresa era crear un sindicato patronal y darle legitimidad amparado por el Ministerio del Trabajo, la multinacional tenía el problema de que los obreros consideraban a Singetram como su sindicato. Es por ello que el día 15 se dieron las elecciones certificadas por el CNE y en las que 992 trabajadores votaron a favor de la candidatura de Singetram. Fue una tremenda victoria: tras más de año y medio de arremetidas por parte de la multinacional coaligada por el Ministerio del Trabajo, no consiguieron que ni siquiera un sector significativo de los trabajadores se pusiera del lado de la empresa. Después de ser golpeados durante meses, los trabajadores consiguieron su primera victoria que midió la moral y el espíritu de lucha.
En todo este proceso fue clave la actitud de la directiva sindical de Singetram, que no cedió a la desmoralización, y mantuvo su confianza en la capacidad de lucha de los trabajadores aún en los peores momentos  (sobre todo cuando la actitud de los organismos del Estado en los que los trabajadores tenían confianza se mostró abiertamente propatronal), y que alimentó a los mismos con ideas, ánimo y un plan de lucha para conseguir paso a paso sus objetivos. Tanto en la guerra como en la lucha de clases, la actitud de la dirección, su capacidad para inspirar y mantenerse firme con buen ánimo frente a las adversidades es de una importancia capital. Sin duda, buena parte de ese ánimo provino de la compresión que las ideas del marxismo dieron a la dirección de la lucha, acerca de las contradicciones del conflicto que no son otras que las contradicciones en las que se encuentra inmersa la propia revolución. La comprensión sentó las bases para poder elaborar una estrategia adecuada  para enfrentar la lucha.
Otro golpe para la empresa y la burocracia fue la condena, en julio de 2010, de 15 policías regionales por los asesinatos perpetrados en el asalto a la fábrica: se dictaron penas entre 20 y 2 años de prisión. Esta condena era un nuevo golpe a la línea de flotación de la campaña de criminalización contra la junta directiva de Singetram. Demostraba que los trabajadores habían sido víctimas inocentes y desarmadas frente a la brutalidad policial al servicio de la multinacional. Los trabajadores siguen demandando tras la condena que se investigue quiénes fueron los autores intelectuales, que todavía continúan ocultos, los que compraron policías y dieron la orden de ir armados a los mismos a una protesta pública cuando la Constitución nacional impide la tenencia de armas de fuego por parte policial en marchas y manifestaciones.
Durante meses, en su intento de criminalizar a los trabajadores, la empresa coaligada con la burocracia utilizó todo tipo de argucias sucias para lograr una confrontación violenta con los trabajadores, pretendiendo borrar las pruebas de su implicación en la matanza del 29 de enero de 2009. Hubo todo tipo de acusaciones por parte de la multinacional: de que los directivos sindicales eran malandros, vende cupos de carros, violentos…. En ese propósito, en el mes de agosto de 2010, se decidió desde el Ministerio de Interior y Justicia situar a dos funcionarios del Sebin (antigua disip, policía secreta) en el interior de la planta, con el fin de amedrentar y recoger pruebas que pudieran incriminar a los trabajadores. Incluso amenazas de mandos militares del eEstado con el fin de que depusieran su resistencia.
Las maniobras no terminaron. El siguiente movimiento de la empresa fue el intento, en los meses de septiembre y octubre de 2010, de montar un nuevo sindicato, Sutratex, con el fin de negociar la contratación colectiva con la empresa a espaldas de los trabajadores y terminar de liquidar a Singetram. El nuevo inspector del trabajo que llegó a Barcelona, de nombre Juan Larez, fue militante de Podemos  y en la actualidad es  miembro del buró regional del PSUV. El mismo aceptó la conformación de este sindicato patronal, en octubre del 2009, ¡¡con sólo 30 trabajadores¡¡ Además el secretario sindical de este sindicato patronal es del partido contrarrevolucionario Primero Justicia.


Estas son las fuerzas para lograr el triunfo definitivo de la revolución socialista

 

Hoy en día la lucha de MMC se ha convertido por derecho propio en uno de los conflictos más conocidos y respetados entre los trabajadores en Venezuela y se ha granjeado el apoyo de buena parte de la vanguardia de la clase obrera. Los trabajadores de MMC comprendieron dolorosamente que aunque eran fuertes dentro de la planta, a la multinacional que estaba apoyada por la burguesía y la burocracia no la podían derrotar ellos solos: tenían que apoyarse en el conjunto de la clase trabajadora para vencer. Aún más, comprendieron que su lucha iba ligada al futuro de la revolución, y que su conflicto era el mismo que se estaba dando en todo el país entre los empresarios que, coaligados con la burocracia, tratan de frenar el avance de los trabajadores y mantenerlos bajo el yugo de la explotación capitalista.
El futuro del movimiento de los trabajadores de MMC está ligado indisolublemente a la tarea de completar la revolución bolivariana asegurando el triunfo del socialismo. Frente a la presión del capitalismo y su correa de transmisión, la burocracia reformista, la clase obrera se tiene que organizar, en primer lugar agrupando a su vanguardia en un frente único de lucha contra el sabotaje económico de los capitalistas y de la burocracia. Hay que rescatar la UNETE para que se convierta en el instrumento de combate que necesita la revolución para extender el control obrero y marchar al socialismo. Esto es lo que demanda la situación política de la revolución. También es necesario formar los cuadros políticos revolucionarios de clase trabajadora, basados en las ideas del marxismo, que son una guía para la acción práctica como bien han visto los obreros de MMC automotriz. Esa es la tarea que lleva a cabo la CMR. Sobre la base de un programa auténticamente socialista, los obreros de MMC y de muchas otras empresas estarán en las mejores condiciones para dar la batalla a la quinta columna y a la burocracia reformista dentro del PSUV, que es la principal amenaza para la revolución. El ejemplo abnegado de voluntad, sacrificio y conciencia revolucionaria de los trabajadores de MMC muestra el tremendo potencial de lucha de la clase trabajadora. La tarea es agrupar esa fuerza y hacer un solo puño que rompa la resistencia de capitalistas y burócratas. Una tarea en la que se decide el futuro socialista de la revolución venezolana.

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